Ebiker
02 May

Hola, aquí de nuevo Eddy Voltiox, feliz con mi bicicleta eléctrica y recuperando la sensación de disfrutar en la bici.

No había hablado todavía de las limitaciones legales que tiene la bicicleta eléctrica. Para que una bicicleta eléctrica sea considerada bicicleta, debe cumplir tres requisitos. Uno es que el motor no tenga más de 250w de potencia, otra es que el motor detenga su ayuda, se pare, si no das a los pedales y, por último, tampoco te ayudará si superas los 25 Km/h.

Es decir, si no das a los pedales no te ayuda. No es una moto. Y si vas a más de 25 Km/h, tampoco te ayuda.

Mi bicicleta cumple los tres requisitos. Por eso es una bicicleta. Cuando ando por la ciudad, o incluso en alguna excursión en plan turista, no he echado en falta nada, pero en las salidas con mis amigos de la grupetta ya no puedo decir lo mismo. No tengo nada que decir de la potencia, es más que suficiente, ni tampoco de que el motor deje de asistir si no das pedales. ¡faltaría más!, ¿Qué ayuda me hace falta cuando no doy a los pedales? Ninguna. Me parece muy bien. Pero no pienso lo mismo respecto a la limitación de los 25Km/h.

Cuando vas en una grupetta como la mía, donde Vicente Bielas marca el ritmo, se tiende a ir siempre un poco rápido y, según avanza la temporada, esto tiende a ir “in crescendo”. Sobre todo, en las subidas, donde los gallos tienen el terreno donde demostrar su forma. Aquí no suele haber problema. En un puerto o en una cuesta larga, se tiende a esperar al que va más despacio o no puede y, con la bicicleta eléctrica no hay ningún problema. Subes al ritmo de los más rápidos con un esfuerzo moderado. Incluso, queriendo, podría dejar a todos atrás sin ninguna dificultad. Puedes subir un puerto duro a más de 20 km/h, cosa que con una bicicleta convencional solo está a la altura de unos pocos elegidos (y entrenados).

El problema viene en los falsos llanos. En estos casos, cuando la marcha del grupo se va acelerando, es muy fácil, que se vaya a más de 30 Km/h, incluso a más de 35 Km/h. Aquí es donde esta limitación legal te machaca. La bicicleta eléctrica es entre siete u ocho kilos más pesada que la convencional. En terreno llano, con algo de esfuerzo, se puede seguir bien a un grupo a 30 o 35 km/h, pero cuando es un falso llano, que pica un poco para arriba, si el grupo no baja la intensidad, es muy difícil seguirle. El motor deja de asistir, se detiene, y todo el esfuerzo tiene que hacerlo las piernas y aquí, los kilos de más de la bicicleta eléctrica y, por qué negarlo, los del ciclista, hacen que te quedes atrás. Y eso no lo desaprovechan ni Vicente Bielas ni Fede Ponchera, que tiran siempre un poquito más para hacerte sufrir y luego, “tocarte el cuerno” en el almuerzo.

Pero en la última salida, este fin de semana, he tenido una experiencia que os voy a contar. Se ha unido a la grupetta otro eBiker. Con una bicicleta muy parecida a la mía. Motor central de 250w, batería en el tubo diagonal y manillar de carretera. Félix es más pequeño que yo y más delgado, en teoría parecía menos potente. Según salimos a hacer el recorrido fuimos conversando sobre las bicis, el recorrido y demás hasta que Fede y Vicente empezaron a darle caña. Claro, pensé yo, ya viene esa parte con una ligera subida y ya están estos dos ca… queriendo hacerme sufrir. Pero, también pensé, hoy estamos dos. Si le dan muy fuerte, me quedo con Félix y ya está, ya nos juntaremos luego.

Pero cuál fue mi sorpresa cuando veo que Félix les sigue sin ningún problema y claro, vuelvo a quedarme atrás. «¡Joder, cómo anda este Félix!», pienso, hay que darle fuerte para seguirles sin motor porque estos dos le están dando fuerte de verdad. Total, que al final me volví a quedar un poco atrás y viendo como Félix se iba con ellos.

Cuando nos volvimos a juntar, y tras aguantar el cachondeo de Vicente, lo primero que hice fue juntarme a Félix y preguntarle «¿Cuántos dientes tiene tu plato? ¡Ah! Claro, se lo has cambiado. ¡Pero le das bien eh! No es fácil seguir a estos dos con una bicicleta eléctrica con más peso y sin asistencia» – le dije.

La respuesta me descubrió el truco. «No Eddy, sin asistencia no. La bicicleta seguía asistiéndome. Le he puesto en la rueda un deslimitador compatible y ya no corta la asistencia.» ¡Vaya! ¡Ahí estaba el truco del almendruco! ¡Qué sorpresa! Yo no sabía que existían estos inventos. Y me ha encantado la noticia. Creo que voy a hacerme con uno y, así, sí que podré definitivamente, decidir cuándo y cuánto quiero que me ayude, sin límites.

¡Nos vemos en la ruta!
EDDY VOLTIOX

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